Anton Raphael Mengs: genio de la pintura y… ¿falsificador? | Somos Malasaña

Anton Raphael Mengs: genio de la pintura y… ¿falsificador?

Pintor del rey Carlos III y Director de la vecina Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, el pintor neoclásico vivió en el barrio de Maravillas-Malasaña. Y perpetró una de las mejores falsificaciones artísticas de la historia

Si eres una de esas personas curiosas que sube el cuello y lee las placas de las paredes, habrás visto en alguna ocasión una en la Plaza de San Ildefonso en la que pone: En esta plaza vivió desde 1761 hasta 1769 Antonio Rafael Mengs, tratadista y pintor del Rey Carlos III.

Anton Raphael Mengs (Aussig, Bohemia, 1728 – Roma, 1779), fue uno de los pintores más valorados de su época y Pintor del rey Carlos III, tras haber sido pintor de corte en Dresde y haber pasado por la correspondiente etapa romana. La alusión a su labor como tratadista se debe a Reflexiones sobre la Belleza y el gusto en la pintura.

Mengs parecía predestinado por linaje y nomenclatura a ser pintor importante y de corte neoclásico. Su padre, también pintor, eligió sus nombres en honor a otros pintores de la línea: Antonio Allegri (Corregio) y Rafael de Sanzio.

Es probable que eligiera Maravillas como lugar de residencia porque también fue Director de la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara, situada en la actual plaza de Alonso Martínez, donde coincidió, entre otros, con el joven Goya.

El Museo del Prado conserva diversos retratos de Mengs, procedentes de las colecciones reales, entre los que destaca Retrato de María Amalia de Sajonia. Otras obras suyas están en la Real Academia de San Fernando y, casi en el barrio, en el Palacio de Liria.

¿Falsificador o genio?

Júpiter besando a Ganímedes

Tal y como nos cuenta el profesor Francisco García Jurado, Goethe relata en Viaje a Italia que Antonio Rafael Mengs quiso hacer pasar su obra Júpiter besa a Ganímedes por una auténtica pintura antigua, consiguiendo engañar a uno de los mayores eruditos de la época sobre la Antigüedad, Johann Joachim Winckelmann, que llegó a decir de la obra que era “la más bella pintura antigua jamás encontrada”.

La obra, que representa a Ganímedes ofreciendo a Júpiter una copa de vino y recibiendo a cambio un beso, fue pintada al modo antiguo probablemente porque era lo que buscaban los viajeros –el incipiente turismo– en sus aventuras por la Roma de finales del XVIII.

Para llevar a cabo su impostura artística con forma de fresco, el pintor tuvo como compinche al artista plástico Giovanni Casanova (hermano de quien adosara el apellido para siempre al arte de la seducción masculina). El hallazgo, dijeron, lo había hecho un coleccionista, ex oficial del ejército francés, en unas villas de las afueras de Roma. El engaño sólo se conoció cuando, en el lecho de muerte, Mengs reconoció que el prodigio nada tenía de clásico, y que había salido de sus pinceles.

¿Aquello fue una impostura artística o simplemente una falsificación?

En la sección Su nombre en una placa recogemos las semblanzas de los vecinos y vecinas de Malasaña que figuran en las placas conmemorativas del Ayuntamiento de Madrid para que conozcas más de sus vidas.

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