primer periódico hiperlocal español | año VIII | 18 de junio de 2018

¿Dio María de Quiñones nombre a la calle de Quiñones?

La Junta Municipal de Centro ha aprobado cambiar el nombre de la calle Quiñones por el de calle de María de Quiñones y colocar en ella una placa para recordar a dicha impresora. Sin embargo, tras una investigación de Somos Malasaña, no parece haber constatación historiográfica de que en esta vía estuviera su imprenta.

Mujer impresora | http://www.bne.es/es/Micrositios/Guias/MujeresImpresoras

El pasado jueves 17 de mayo en el Pleno Municipal del Distrito Centro se debatió cambiar el nombre de la calle de Quiñones por el de María de Quiñones y poner en la misma una placa que recuerde a la célebre impresora madrileña, a petición del Grupo Municipal Socialista. Finalmente, sólo salió adelante la colocación de la placa.

Dentro de la actual tendencia de resarcir la invisibilidad a la que el callejero ha condenado a la mujer, se pretendía poner nombre –femenino– al apellido. En este medio somos partidarios de enderezar en lo posible el desequilibro de género que hay en la nomenclatura de nuestro espacio público, y darle visibilidad a una calle dedicada a una mujer haciendo emerger su nombre propio parecía una idea inmejorable…sin embargo, tras una investigación de Somos Malasaña, este periódico tiene serias dudas de que la imprenta de María de Quiñones esté en el origen del nombre de la calle, a pesar de que la historia se ha ido perpetuando desde hace siglos a través de diferentes medios (entre otros, esta misma publicación).

María de Quiñones

La imprenta de María de Quiñones, situada sobre el actual número 87 de la calle Atocha (Sociedad Cervantina), fue fundada por Pedro Madrigal (padre), impresor que llegó de Salamanca en 1585 y se estableció en lo que era entonces una zona en expansión en de la Corte. Hay que decir que a su muerte (1594) fue su viuda, María Rodríguez de Ribalde, quien se ocupó del establecimiento, por lo que la imprenta tuvo una mujer al frente antes que María de Quiñones.

Las mujeres en ese tiempo no podían ejercer el oficio, por lo que María se casó con un impresor de Alcalá, Íñiguez de Lequerica. Éste muere pronto, y el pie de imprenta alterna los María Rodríguez, Viuda de Pedro Madrigal y otros, como Herederos de Pedro de Madrigal, que se mantiene cuando el segundo Pedro de Madrigal se hace cargo. María de Quiñones había desposado con este heredero, y a su muerte se casó con el impresor Juan de la Cuesta, que ocupaba el pie de imprenta cuando el establecimiento recibió el encargo por el que ha pasado a la historia: El Quijote (1605). A tener en cuenta: la responsable de la imprenta era María Rodríguez –Juan de la Cuesta el maestro impresor–, y así sigue siendo hasta su muerte, en 1627.

Tras un tiempo en el que los trabajos se firman como Herederos de la Viuda de Pedro Madrigal, María de Quiñones comienza a imprimir su nombre en las obras en 1633.

Supuestamente, la casa de María de Quiñones en calle de Quiñones con Acuerdo (1907) | FLICKER

A decir de los expertos, María alcanzó un gran dominio del oficio, dotando a su casa de un sello muy personal y fama de trabajo bien realizado. A pesar de no saber leer, debió de ejercer la supervisión del trabajo, y tomó decisiones como el empleo de ornamentos modernos, la inclusión de retratos del autor o de filigranas. Fue pionera en la asociación con empresarios libreros, como Pedro Coello, que financió las ediciones de noticias de guerra y comedias (de los Lope, Calderón o Tirso de Molina), que le permitieron remontar la ruina económica con la que había heredado la gestión de la imprenta.

¿Por qué se dice que vivió allí la impresora Quiñones?

Elvira o María, porque de ambas se ha dicho tuvieron allí establecimiento. Hay un clásico sobre los nombres de nuestro callejero anónimo –Etimología de las calles de Madrid (1863)– que dice que el origen del nombre viene dado “por la imprenta de D. Elvira de quiñones, íntima amiga de la Beata Mariana de Jesús, y tal vez la imprenta más antigua de Madrid”.

La proposición del Grupo Municipal Socialista recogía la discrepancia entre el nombre propio. ¿Elvira? ¿María? Aunque concluía que “si hay un acuerdo amplio (aunque siempre encontraremos a alguien discrepante, como todo en la vida) es sobre que la calle quiere recordar a una de las más importantes impresoras madrileñas del siglo XVII”.
Sí tienen apellidos conocidos Peñasco y Cambronero, que en Las calles de Madrid (1889) hacen ya mención a ambas mujeres cuando dicen que “en esta calle existió una imprenta propiedad de María o Elvira de Quiñones. Dícese que el establecimiento era, en su género, el más antiguo de Madrid”.

Cabe decir que la calle aparece en el plano de Texeira (1656) como de Santo Domingo, mientras que la actual calle del Acuerdo está rotulada como Quiñones. En el plano de Espinosa (1769) Quiñones es ya nuestra Quiñones.

[La Compañía General de Impresores y Libreros del Reino en San Bernardo]

La asociación con la calle del Acuerdo puede tener importancia de cara a leer la presencia de la imprenta en la tradición madrileña. Son muchos los cronistas y escritores madrileñistas que han seguido haciéndose eco de la casa de Quiñones en el barrio sin aportar más datos que la repetición de lo ya escrito: Capmany, Pedro de Repide y, más recientemente, María Isabel Gea Ortigas o Luis Miguel Aparisi.

Entre las historias tradicionales que hablan de la fundación del cercano Convento de las Comendadoras de Santiago se habla de un acuerdo firmado en la famosa imprenta, de donde derivaría el nombre de la calle vecina. Otra versión sobre el nombre de esta calle, sin duda legendaria, menciona a una joven devota de un pueblo cántabro que llevó el Niño Montañés hasta el convento, tras aparecérsele el apóstol por el camino. Antes de llegar a su destino, había llegado agotada a las puertas de la imprenta de Quiñones, donde le indicaron el camino.

¿Estuvo o no aquí la imprenta de María de Quiñones?

Podemos empezar hablando de Elvira de Quiñones. De la dama nada hemos encontrado y, citándose como quien tuvo la primera –o una de las primeras– imprentas de Madrid, parece raro que su nombre no desfile por los tratados sobre la materia. Encontramos a Alonso Gómez, asociado con el tipógrafo francés Fierres Cosin (en 1572), a Juan Gracián (en 1572), a algunos otros, como Guillermo Droy y, en 1586, a nuestro conocido Pedro Madrigal, con la casa que años después será la de María de Quiñones. Sólo hemos encontrado en la bibliografía especializada a algunas mujeres impresoras antes de 1651 en Madrid: Francisca Gutierrez, Juana Sánchez, María Rodríguez y María de Quiñones…pero no hemos sido capaces de ligar sus establecimientos a la actual calle de Quiñones [1]. [Ver lista de impresoras del XVI y del XVII por la BNE]

Optamos, pues, por pensar que, de referirse el nombre de la calle a alguna mujer impresora, sería a María de Quiñones, tal y como ha aprobado la resolución para colocar una placa en nuestra vecina vía. Esta es la versión que defiende aquí Carlos Osorio, experto en historia de Malasaña, cuyo artículo parece haberse utilizado para documentar la proposición socialista. Según Osorio, la impresora debió llegar aquí sobre 1633 y “los nuevos talleres ocupaban un amplio solar, en el que en 1668 se construyó el convento de Montserrat. Quedó sin embargo la casa de María, que estaba enfrente de la imprenta que siguió conservando el nombre de la impresora”

Sin embargo, ya en 1925, encontramos un artículo que pone en duda que el origen del nombre de la calle provenga de imprenta alguna. El periodista e impresor Juan José Morato se apoyaba en un manuscrito de la Biblioteca Nacional [disponible aquí], una lista de 1658 con fines fiscales (funcional a la Visita General), en la que aparecen los nombres de los vecinos propietarios y las ocupaciones de los inmuebles. En el entorno que nos ocupa no aparecen Quiñones ni imprenta alguna. Sin embargo, en la lista sí que aparece la casa de María de Quiñones, pero lo hace en la calle de Atocha: “Una casa de María de Quiñones, viuda, que es imprenta; antes de la Iglesia de los Desamparados. Fue de María Rodríguez. Tasada en 24 ducados”.

Hay que decir que, aunque el manuscrito es de 1658, las visitas se hicieron años atrás, por lo que no podemos utilizarla para descartar completamente la teoría de que hubiera una sucursal en la calle en época posterior, como afirman Osorio y la proposición que se ha aprobado en la Junta Municipal de Centro.

Hay versiones que dicen que la imprenta se trasladó a la calle de Quiñones, lo que sí sabemos falso. La imprenta de María de Quiñones desde que ella fuera la titular en 1633 no se movió del lugar donde estuvo antes, cuando fue de Pedro Madrigal y María Rodríguez, y que incluso continuó albergando planchas tras su muerte. Así lo dice, entre otras, la investigadora Davinia Rodríguez Ortega, cuando escribe sobre la impresora y la imprenta que nos ocupan. El de la calle Atocha fue el “lugar en el que permanecería hasta el cese de la actividad de Quiñones en 1666 y que mantendría el “heredero” Melchor Alegre”[2].

En cuanto a la vivienda de Quiñones, circula por internet una fotografía de 1907–procedente de la colección Salvador Alcázar, según reza el pie de foto– que pasa por ser la casa de la impresora, pero los registros que aparecen reflejados en la bibliografía especializada nada dicen de ella. Jaime Moll, que investigó acerca de La imprenta donde se imprimió El Quijote nos dice que Quiñones murió el 5 de julio de 1669 calle de Atocha, en la casa donde estaba la imprenta.

La única hipótesis que no parece totalmente descartable, por el momento, es la de la existencia de una sucursal de los talleres principales. Sin embargo, parece cauto quedar a la espera de que aparezcan pruebas de su existencia para no caer en la trampa de invertir la carga de la prueba.

Consultamos a Juan Carlos González, miembro de la asociación Carpetania, historiador especialista en Malasaña y colaborador de este medio, quien tiene también serias dudas sobre la versión, que denomina “tradición literaria”. “No está comprobado históricamente este hecho, creo que es un error poner una placa en el lugar si no está contrastada la veracidad y no sé qué tipo de documentación o de fuentes primarias tendrán de respaldo”. Juan Carlos nos traslada también la opinión de la historiadora moderna Begoña Tresgallos, quien cree que es raro que una calle de Madrid hubiera adoptado “el nombre de una mujer que no fuera reina, santa o noble”. En la misma línea, Eduardo Valero García (Historia Urbana de Madrid) cree que en todo caso una calle de aquella época podría adquirir el nombre de un oficio, pero no el de un artesano.

Valero ha comprobado en el libro de visitas que la imprenta por aquel entonces seguía en la calle de Atocha y, junto con Juan Carlos González, ha elaborado un informe al respecto –La calle Quiñones y la impresora María. Argumentos sobre el posible cambio de denominación de la calle Quiñones, que tiene intención de pasar por registro en el Ayuntamiento para crear debate público acerca de la colocación de la placa.

Entonces… ¿Por qué Quiñones?

No lo sabemos. Lo cierto es que el callejero madrileño está lleno de denominaciones cuyo origen nunca conoceremos con seguridad. Los escritores madrileñistas del XIX fijaron sobre el papel muchas tradiciones orales, a veces procedentes de siglos anteriores, que mezclaban ecos de la realidad y la imaginación popular. Algo pusieron también de su cosecha. Éstas son, a veces, puertas de entrada hacia el conocimiento histórico, pero es importante no tomarlas en su literalidad.

Juan Carlos González aventura la hipótesis de que el nombre se relaciona con que antiguamente hubiera allí tierras de cultivo (junto a lo que se llamó Santo Domingo Nueva). Según la RAE, un quiñón es una “porción de tierra de cultivo, de dimensión variable según los usos locales”. Lo cierto es que la urbanización en la zona en los siglos XVI y XVII era aún incipiente y abundaban las tierras de cultivo. Otras calles de la zona –Manzana o Limón– también traen recuerdos de un ámbito más agrícola.

Otra posibilidad es que Quiñones, efectivamente, recuerde a algún vecino, primer propietario de tierras o persona del ámbito popular, cuyo rastro no hemos localizado. A falta de una investigación nueva –o que no conozcamos–, que arroje luz sobre el tema, colgamos provisionalmente la duda sobre el origen del nombre de la calle y nos alegramos de que se haya pospuesto el cambio de denominación.

En cuanto a la placa, se nos ocurre una alternativa, un sujeto femenino y colectivo que mora en el recuerdo de la calle: las mujeres de las cárceles que ha habido en ella, la Casa Galera y la cárcel de mujeres de la calle Quiñones.

NOTAS:
[1] Véase Juana Millán, señora de la imprenta: Aportación al conocimiento de una imprenta dirigida por una mujer en la primera mitad del siglo XVI
[2] Véase Heredera de Pedro Madrigal: María de Quiñones, impresora de ingenios áureos

PARA SABER MÁS:
AGULLÓ Y COBO, M., 1991. La imprenta y el comercio de libros en Madrid (siglos XVI-XVIII). ,
CORBETO, A., 2009. Las musas ignoradas. Estudio historiogràfico del papel de la mujer en el àmbito de la imprenta. Muses de la Impremta. La dona i les arts del llibre. Segles XVI-XIX, Barcelona, Museu Diocesà de Barcelona/Associació de Bibliòfils de Barcelona, pp. 21–41.
GRACIA, M.J.P., 2009. Juana Millán, señora de la imprenta: aportación al conocimiento de una imprenta dirigida por una mujer en la primera mitad del siglo XVI. Bulletin hispanique. Université Michel de Montaigne Bordeaux, no. 111-1, pp. 51–73.
MOLL, J., 2005. El taller donde se imprimió el” Quijote”. Voz y letra: Revista de literatura, vol. 16, no. 1, pp. 15–22.
RODRÍGUEZ ORTEGA, D.U., 2017. Heredera de Pedro Madrigal: María de Quiñones, impresora de ingenios áureos. ,

 

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