García Castaño, concejal de Centro: «Tuvimos un problema de disciplina en verano, pero ahora está contenido» | Somos Malasaña

García Castaño, concejal de Centro: «Tuvimos un problema de disciplina en verano, pero ahora está contenido»

El edil responsable de uno de los distritos "más difíciles" de Madrid reconoce que el conflicto con el convenio policial afectó al control de problemas como el botellón y que a veces las quejas y presiones de los vecinos no le han dejado dormir

Jorge García Castaño | SOMOS MALASAÑA

Hace casi cuatro años, el concejal del distrito Centro -Jorge García Castaño- concedía a Somos Malasaña su primera entrevista como cargo electo a un medio de comunicación. Fue una conversación plagada de intenciones para un político que acababa de estrenarse en el poder, después de varios años siguiendo la actividad local desde la oposición. Hace una semana, García Castaño volvía a recibir a este periódico para hacer balance de su legislatura. La cita era en Hacienda, el área que desde hace un año también dirige por encargo de la alcaldesa, Manuela Carmena, con la que formará equipo en su nueva marca política, Más Madrid.

SOMOS MALASAÑA: ¿Cuáles dirías que son los principales logros que ha conseguido en Malasaña el gobierno de Ahora Madrid en la presente legislatura?

JORGE GARCÍA CASTAÑO: Nos plantemos como objetivos varios ejes que facilitaran la vida y que dieran prioridad a los usos residenciales en el barrio. Algunos tenían que ver con regulaciones y otros con inversiones. En cuanto a lo primero, se planteó Madrid Central, que ya es una realidad y que supone una mejora de la calidad del aire, del espacio público porque hay menos coches, del aparcamiento porque se han ganado muchas plazas para residentes… también estamos acabando el plazo de alegaciones de la Zona de Protección Acústica Especial, que es una regulación equilibrada para todos los sectores y va a permitir sobre todo actuar con garantías sobre los establecimientos más incumplidores. Y luego hay una tercera regulación que es la de las viviendas de uso turístico: hace cuatro años el tema no estaba encima de la mesa, pero ha sido una de las urgencias en esta legislatura. Esperamos aprobar el Plan Especial en el pleno de febrero o en el siguiente, para permitir conservar los usos residenciales. Estamos trabajando en la disciplina urbanística, que tendrá bastante litigiosidad hasta que el Gobierno Central y la Comunidad de Madrid no ayuden.

Otro objetivo ha sido garantizar que los espacios públicos en Malasaña fueran para equipamientos vecinales y no para otro tipo de atractores turísticos o de ciudad. En ese sentido ya está acabada la obra de la Casa del Cura, están empezando las del centro cultural de San Bernardo, lo que permitirá ganar el actual centro de Clara del Rey como equipamiento para la infancia y la juventud. En este tiempo también se ha puesto en marcha el Centro Deportivo Barceló y la Escuela de Música María Dolores Pradera, que está funcionando muy bien. Además, han arrancado las obras en el Mercado de Frutas y Verduras de Legazpi, a donde llevaremos todo el área de Urbanismo que se encuentra en el edificio de la calle Barco, con lo que se podrá convertir en otro equipamiento para el barrio de Malasaña, aunque todavía no está decidido en qué.

Además, hay otro apartado de inversiones que tiene que ver con las vías públicas y las zonas verdes. Ahí se avanzó ampliando las aceras de Palma y San Vicente Ferrer, está abierta la obra de Amaniel, donde hay algún problema que esperamos solucionar pronto, se reformó entera Gran Vía y la conexión con Chueca. Quedan algunas actuaciones que vamos a hacer en plazas, en calles al otro lado de San Bernardo… todo creo que da una idea de por dónde vamos: buscando un espacio público más para el peatón y las familias, y unas plazas más residenciales.

SM: ¿Qué proyectos te hubiera gustado completar y sabes que ya no será posible conseguir antes de las elecciones? ¿Cuál es la primera medida que se debería implantar en Malasaña en la próxima legislatura?

Me hubiera gustado avanzar más en algunas obras que tuvieran que ver con movilidad, en el perímetro del barrio. Una de las cosas que seguramente suceda al principio de la próxima legislatura será la continuación de la prioridad peatonal de la calle Fuencarral hasta Chamberí. Hay otras cosas que hemos hecho, en las que estamos avanzando mucho y que todavía se ve poco porque no son automáticas. Sobre todo en lo que tiene que ver con la disciplina urbanística y la mejora de la convivencia gracias a la nueva coordinadora que se encarga del ocio nocturno, que está actuando contra los locales más incumplidores y llevándolos a juicio por insolvencia punible. En los últimos días, por ejemplo, hay menos ventas de latas en la calle gracias a algunas intervenciones policiales muy inteligentes. Sucede lo mismo que con la disciplina contra las viviendas de uso turístico: las empresas están recibiendo el mensaje de que en Madrid ya hay regulación. Pero de aquí a que consigamos ordenar todas las viviendas que tienen estos usos, todavía va a faltar mucho esfuerzo.

SM: Gobernar… ¿está siendo más difícil de lo que creíste que sería?

Creo que estamos haciendo más cosas de las que yo pensaba que podríamos hacer, aunque Centro es muy difícil de llevar, y Malasaña más todavía. Es un distrito donde sucede todo, donde está toda la presión urbanística, hostelera, inversora… donde además hay mucha población, que está muy organizada y que sabe apretar a las administraciones -lo que está muy bien, apostilla-, hay muchos medios, los periodistas vivís aquí también… Igual en algún momento de la legislatura, que no fue al principio, se generaron expectativas de que todo iba a ir más rápido.

SM: Contaminación acústica, suciedad en las calles, botellón, pintadas… hay problemas en Malasaña que son crónicos y que se repiten desde hace 30 años. Pasan los gobiernos y persisten. ¿No se puede hacer nada más?

Estamos actuando con un plan específico para Malasaña y para rendir cuentas hemos mantenido una reunión con los colectivos del barrio y con la alcaldesa. Sobre el ruido, a quien lo tiene debajo de su casa le va a dar igual lo que yo le diga porque es un problema realmente difícil de llevar y, pese a que hable de datos, lo subjetivo prima por encima de todo y es lógico. Pero las mediciones objetivas dicen que ha mejorado sustancialmente en el 80% del distrito gracias a la ZPAE, que es un instrumento mejorable pero eficaz. Sabemos que no es suficiente y tenemos claro que ha habido momentos que no hemos tenido controlado y se han generado malas situaciones.

Hay un reto de cara a la siguiente legislatura que ya hemos empezado a abordar en esta: tenemos una plantilla de 6.500 policías para una ciudad en la que los delitos graves son mínimos, y donde los problemas suceden los fines de semana por la noche, al menos en Centro. Seguramente haya que compensar esa plantilla para tener más efectivos cuando más los necesitamos, y eso no se cambia tan rápido. En cualquier caso, creo que en los últimos meses se está notando mucho en Malasaña la intervención tanto de Policía Municipal como de Policía Nacional a través de Delegación de Gobierno. Mejorando la disciplina mejoraremos también la limpieza. Ahí habrá otro hito en la siguiente legislatura y es que en 2021 habrá un nuevo contrato o un nuevo modelo de gestión de la limpieza, ya sea municipalizada o con un acuerdo mejor que el que hay ahora.

SM: ¿Qué sucedió el pasado verano para que se descontrolara el botellón y se degradara el barrio?

En cuanto a la disciplina del espacio público, hemos tenido momentos mejores y peores. Tuvimos un mal verano, de eso no hay duda: por un lado se estaba negociando el convenio con la Policía Municipal y por otro había falta de efectivos en la ciudad y de refuerzos durante los fines de semana, lo que generó muchos problemas en el centro y se generó cierta alarma entre los vecinos.

El problema, a día de hoy, pienso que está bastante contenido. Ha habido cambios en la policía y estamos intentando consolidar la situación actual, sabiendo que Malasaña siempre ha sido un barrio difícil. Los refuerzos ya han llegado, tenemos suficiente plantilla y además Delegación del Gobierno ha actuado de forma muy efectiva contra varios pisos con problemas de drogas.

SM: Carmena dijo no ser partidaria de multar sino de educar. ¿No crees que mientras que se educa se debería ser algo más duro con quienes incumplen las normativas municipales? Hay en el vecindario sensación de cierta permisividad con lateros, botelloneros, graffiteros, etc… ¿Existe de verdad?

En eso debo de ser bastante poco carmenista… creo que hay que multar. Y creo que actualmente se multa mucho y caro, pero está claro que solo multando el problema no se acaba. Hace falta un poco de todo.

Además, ese discurso de ciudad de que tenemos que ser más civilizados tiene que calar, empezando por la administración, la policía, etc. Todo el aparato de la administración se tiene que volcar en ese objetivo. No puede ser un tema menor para la policía, para los que tramitan los expedientes de sanción… es un tema clave en el centro y sobre el que hay que volcarse.

SM: Hay problemas en la zona, pero a nuestro entender el de la vivienda es el número uno: los precios están disparados y se está expulsando población. La proliferación de pisos turísticos vacía el barrio de vecinos reales y hace imposible la vida a quienes resisten. Esto redunda en el pequeño comercio, que también está siendo expulsado a la vez que se está trasformando, enfocándose cada vez más en el turista y menos en el residente..¿Se plantea el Ayuntamiento tomar medidas para controlar el precio de la vivienda en el distrito Centro?

Herramientas legales no tenemos ninguna. El establecer unos límites a los precios de los alquileres o diseñar unos incentivos fiscales es una de las peleas que están teniendo lugar en la negociación de los Presupuestos Generales del Estado. Se trata de dar herramientas a los Ayuntamientos para poder trabajar en las zonas más tensionadas.

De momento lo que estamos haciendo es frenar el cambio de uso residencial a terciario en cualquier caso y actuando sobre las viviendas de uso turístico que ahora mismo están en marcha. Hemos utilizado nuestras competencias al límite, pero hace falta que la Comunidad de Madrid y la Administración Central se impliquen. Incluso hemos montado un lobby europeo de ciudades para que la UE también lo haga. Nosotros necesitamos contar con una base jurídica importante, porque esta situación va a tener una litigiosidad tremenda: sabemos que en cuanto se apruebe el Plan Especial, este va a ser recurrido por mucha gente.

Evidentemente, va a haber muchos pisos turísticos que sigan después de una orden nuestra de cese (la Agencia de Actividades ya ha decretado 215 solo en Malasaña), pero lo que también nos dice la experiencia es que otros no lo harán y que volverán a ser residenciales. Ya ha sucedido en dos edificios del barrio de las Letras. Tenemos que seguir por ahí.

SM: En Malasaña hay cerca de 2.000 viviendas residenciales dedicadas a los turistas. ¿Tardó demasiado el Ayuntamiento en darse cuenta de la magnitud de este problema?

Sí. Mientras que en Barcelona fue un tema de campaña, en Madrid no estaba en la agenda de los movimientos sociales. Las cosas que no llevas en el programa las empiezas más tarde, aunque creo que para los plazos en los que reacciona el Ayuntamiento la regulación se ha hecho razonablemente rápido. Pero para los ritmos que afectan a la ciudadanía, a la que se está echando de su casa, sabemos que es lento. Por eso pedir paciencia en este caso es complicado, aunque hemos de tener en cuenta que una cosa es que aprobemos la legislación y otra saber cuándo vamos a conseguir que la disciplina se cumpla, que no es fácil.

En cualquier caso, hemos actuado con bastante decisión: la Comunidad de Madrid iba a sacar un decreto hace dos años y por una pelea entre lobbies internos en la derecha es incapaz de aprobarlo. Hemos visto borradores, pero ha pasado el tiempo y aquí no hay decreto. Nosotros corríamos el riesgo de habernos quedado como la Comunidad, pero hemos actuado y eso se está notando. Hay cierto perfil de inversor que venía con el cuchillo entre los dientes al que ahora no le sale las cuentas porque no puede hacer cambios de usos.

Por otro lado, gravar el IBI en las viviendas vacías llegó a estar en el decreto de vivienda del Gobierno. Ojalá nos lo hubieran permitido aplicar, como ya se hace en el País Vasco. La suma de medidas que por sí solas no acabarían con el fenómeno de turistificación podrían dar una serie de incentivos fuertes para que los propietarios dediquen sus viviendas al uso residencial.

«En Centro la gente te aprieta mucho y eso no te deja dormir»

SM: En la entrevista que te hicimos hace 4 años, al inicio de tu mandato, pedías a los vecinos que se involucraran en la mejora de la ciudad. En esta legislatura ha desaparecido uno de los movimientos sociales más importantes que tuvo el barrio, el Patio Maravillas, y ha surgido una plataforma vecinal bastante reivindicativa y crítica con las instituciones, SOS Malasaña, con un perfil ideológico muy heterogéneo. ¿Qué supuso un grupo y qué supone ahora la otra?

El Patio Maravillas tuvo una influencia netamente positiva, no solo en Malasaña sino en toda la ciudad. Creo que fue un punto de referencia muy importante, insustituible para muchas cosas. Y en cuanto a SOS Malasaña, ha sido muy importante a la hora de dar la voz de alarma en un momento en el que la percepción era que la cosa se podía ir de madre. Creo que desde Delegación del Gobierno y de Policía Municipal se ha reaccionado con mucha contundencia y mucha rapidez sobre algunos elementos que se estaban dando. Y creo que a eso ha ayudado que ahora tengamos una jefa de policía municipal buenísima en la Unidad Norte. Obviamente, quien tiene un problema a la puerta de su casa va a estar siempre reivindicando mejoras porque es lo lógico. Llevar Centro es muy duro, porque la gente aprieta infinitamente mucho más que en otros distritos. Incluso es más duro ser concejal de Centro que delegado de Hacienda.

SM: ¿Se sigue practicando aquello de gobernar escuchando? ¿La alcaldesa conoce de primera mano los problemas del barrio?

Sé que Manuela va mucho a Malasaña porque es comerciante del barrio y lo conoce muy bien. Y yo me he reunido también con mucha gente del barrio sobre muchas cosas. Hace poco con SOS Malasaña en varias ocasiones, hace otro poco también con el Ampa del Pi i Margall… además yo vivo en el centro, que hace mucho que el concejal de Centro no residía en el mismo distrito.

SM: Cuando se le pide a los ciudadanos que propongan mejoras a través de un vehículo como Decide Madrid y estas tardan tanto en materializarse que se juntan con las propuestas del siguiente año, ¿no está el propio ayuntamiento boicoteando el canal creado? ¿Por qué cuesta tanto?

Es positivo que a través de los Presupuestos Participativos se apruebe lo que dice la gente, más allá de que a mí me gusten más o menos algunas cuestiones. En cuanto a la velocidad de ejecución, son un infierno administrativo porque llevan un trabajo de enorme, desde la valoración hasta la redacción de proyectos desde cero. La gente tiene que tener paciencia, porque los 100 millones que se aprueban cada año se van a ejecutar. También estamos aprendiendo que hay que ser más claros y tajantes en las valoraciones. En las primeras fases permitimos algunos proyectos que luego pueden no ser viables. Ahora bien, si a mí me dicen hace cuatro años que vamos a ser capaces de poner en marcha esto y que a día de hoy haya tantos proyectos avanzados, me hubiera parecido imposible. Pero todo se puede mejorar, claro.

También quiero añadir que en Centro la gente tiene muchos recursos para llevar a cabo sus proyectos, no solo los Presupuestos Participativos. Y lo saben utilizar: pueden llevarlo a la Junta o al pleno a través de los grupos municipales, tiene acceso a los medios de comunicación, que sois muy potentes en el distrito. Saben organizarse para llevar adelante las cosas, independientemente de la vía que comentas, y eso es muy positivo.

SM: Fuiste nombrado delegado de Hacienda hace un año. ¿Cómo ha sido compatibilizar este cargo con el de concejal del distrito central de Madrid?

En ese momento se valoró reforzar un equipo en Centro que creo que es muy potente, más allá de que esté yo o no. Los trabajadores siempre han funcionado muy bien, antes y ahora. Y el equipo que se ha juntado, tanto desde secretaría como hasta los asesores, están respondiendo muy bien. En cuanto a la compatibilidad, es bastante más duro llevar Centro que llevar Hacienda. La gente te aprieta mucho y eso no te deja dormir. Las cosas más abstractas de Hacienda igual tienen más importancia para toda la ciudad pero se miran con más distancia porque las cosas no suceden debajo de tu casa.

Jorge García Castaño, durante la entrevista | SOMOS MALASAÑA

SM: En Malasaña actualmente hay hasta diez puntos con obras de distinto tipo, la mayoría municipales. ¿Qué es lo que ha pasado para que se acumulen al final de la legislatura, cumpliendo un tópico?

Ha habido proyectos que la propia dinámica administrativa los ha retrasado, pero sobre todo ha habido una cosa que quizás no hemos explicado bien: la intervención del Ayuntamiento por parte del Gobierno central de 2017 y lo que supuso para algunas obras, que tuvieron que ser pagadas con las Inversiones Financieramente Sostenibles (IFS), que llevan una tramitación diferente a la del presupuesto y plazos más largos. Lo que ha provocado que se concentren muchas ahora, tanto las que llevamos desde la Junta como las que hacen desde las áreas.

Eso no se explica sin contar lo que pasó en 2017: tuvimos que financiar toda la inversión con IFS, lo que hizo que algunos grandes equipamientos no se pudieran aprobar y los hayamos licitado ahora, con el presupuesto del año 2019. Esa intervención del gobierno del PP tuvo una función netamente electoralista, porque sabían que iban a retrasar proyectos que eran electoralmente muy importantes para nosotros y que ahora los hubiéramos tenido en marcha. Creo que la decisión que tomé de sostener el gasto social con el presupuesto ordinario y trasladar la inversión a las IFS ha permitido hacer las dos cosas: invertir mucho y tener mucho gasto social.

SM: Al concejal de distrito y a la alcaldesa se les ha criticado desde los grupos de la oposición, como era de esperar, pero también desde gente de la izquierda y simpatizantes y votantes de su propia coalición. ¿El pragmatismo ha imperado sobre la ideología? ¿Gobernar es centrarse? ¿En qué asuntos te hubiera gustado ser más radical a la hora de meterles mano o de cómo meterles mano? 

Yo soy muy pragmático siempre. Y luego hay una máxima que es con la que nos presentamos, la de «gobernar para todos» que es de Manuela Carmena. Eso te lleva a incluir a más sectores y a negociar ciertas cuestiones con más gente. Por ejemplo, la ZPAE: yo estoy seguro de que nos ha votado gente de la hostelería que piensa que vamos a levantar la mano y nos han votado vecinos que piensan que vamos a recortar dos horas a los locales. Y nosotros tenemos que hablar mucho y ser pragmáticos, aunque dejemos insatisfechos por los dos lados a mucha gente. Pero creo que es lo que hay que hacer.

En cuanto a las críticas, me duelen las de la izquierda, no tanto por el pragmatismo o porque hayamos sido capaces de llegar a consensos amplios, sino por temas como los plazos de algunas obras. Hay gente que sabe perfectamente la situación en la que estábamos y sabe lo que se tarda en hacer las cosas. Esa impaciencia me molesta más.

SM: Se está conformando la candidatura de Más Madrid de cara a las elecciones: ¿formarás parte de ella? ¿qué posición te gustaría ocupar?

No lo sabemos todavía, estos días se va a debatir. Creo que va a haber un equipo cohesionado y por lo que voy sabiendo con incorporaciones muy potentes de gente de fuera. Eso unido a la gestión de esta etapa creo que va a hacer de esta candidatura una opción muy buena y sobre todo que va a intentar avanzar en sectores sociales que igual tenían miedo de lo que podíamos hacer cuando llegáramos al gobierno y que han sentido que somos un gobierno sensato con las cuentas, y que conseguido que vuelva la inversión y el gasto social.

SM: ¿Hacia dónde crees que debe ir el futuro del movimiento político de izquierdas en Madrid?

Hemos aprendido varias cosas: ahora estamos presentando un proyecto ambicioso, que intenta proyectarse sobre sectores sociales nuevos, con posibilidades de plantear un gobierno progresista pero transversal, que es capaz de dialogar con muchos sectores sociales y políticos. Por otro lado hemos aprendido que hay que tener tensiones las justas. Es decir, que si podemos ir juntos vayamos juntos y que si no, podamos colaborar y que la gente esté a gusto. Que lo importante es sumar el día después e intentar que haya un gobierno progresista, más allá de que haya una opción a la hora de votar, que sería lo deseable, o varias. Creo que hay que hacerlo sin dramatismos, siempre. Y desde luego hay que situarnos donde queremos y no donde quieren nuestros adversarios, que es situarnos como el inverso de Vox en la izquierda. Nosotros vamos a un espacio central en la política de esta comunidad, y por ello tenemos que apostar.

SM: ¿Hacia dónde quiere el Ayuntamiento dirigir el barrio? ¿El futuro de Malasaña es un barrio para turistas o es posible que se pueda mantener como un barrio para vivir?

Nuestra intención es ver los barrios del centro con la mirada de un niño o la de una familia que tiene niños. En ese sentido nuestra idea es contar con más equipamientos de cercanía, mejor espacio público, más zonas verdes, menos coches… unos barrios más vivibles. Pero sabiendo que para eso tenemos que actuar con mucha contundencia en las regulaciones (ZPAE, viviendas turísticas, Madrid Central…), que tienen que funcionar bien y que tenemos que apretar mucho con lo que tiene que ver con la disciplina en espacio público, tanto a través de policía como a través de todos nuestros recursos administrativos.

Ese es el objetivo, pero hay que saber que los centros de las ciudades tienen unas tensiones profundas del mercado que son muy complicadas de encarar. Creo que si hacemos un centro muy atractivo por la vía de las equipaciones públicas y si protegemos los usos residenciales, el futuro es bueno. Pero va a ser difícil.