'Artefactum' y la vuelta de los fanzines que jamás se fueron | Somos Malasaña

‘Artefactum’ y la vuelta de los fanzines que jamás se fueron

'Artefactum' es un fanzine editado en Malasaña que mantiene viva la tradición de estas publicaciones autoeditadas que se podían encontrar por decenas en bares, tiendas de cómic y en alguna que otra librería. Entrevistamos a Juan Agüera, uno de sus responsables, al tiempo que tres expertos en la materia nos hablan sobre el fanzine en la era de internet y recomiendan algunos imprescindibles de ayer y de hoy

Así podría haber sido la portada de una hipotética versión ''fanzine' de Somos Malasaña | Ilustración RAQUEL ANGULO

Si este periódico hubiera nacido 20 años antes de cuando lo hizo habría visto la luz como fanzine: tijeras, pegamento y Malasaña como tema central de todos y cada uno de sus números, a modo de obsesión. En los años 90 se vivió la época dorada de los fanzines, publicaciones autoeditadas -colaborativas o de autor-, con sus páginas fotocopiadas en blanco y negro y los bares como punto principal de distribución. Nada es como fue, pero el fenómeno fanzine sigue vivo en la era de Internet y en Malasaña encontramos estos días un claro ejemplo de ello en Artefactum, publicación que hace una semana presentó su nuevo número. De ella hablamos con Juan Agüera, uno de sus responsables junto a Sendoa Bilbao.

SOMOS MALASAÑA (SM): El primer número de Artefactum, Wanna Talk, data de octubre 2017 y acabáis de sacar el número 04, que es en realidad el quinto. ¿Cómo y por qué se os ocurre crear un fanzine a estas alturas de la película? 

 JUAN AGÜERA (JA): Cuando llegué a Malasaña, allá por 2015, enseguida establecí contacto con la gente del barrio. Comprobé que estaba lleno de artistas, poetas, escritores, diseñadores, dibujantes… Poco o poco entendí que muchos de ellos tenían muchas cosas que decir y contar, al margen de sus ámbitos laborales. Yo soy diseñador gráfico y he estado trabajando mucho tiempo en diseño editorial y siempre me ha fascinado el tema de los fanzines y la edición libre. Hablando con Sendoa Bilbao, que conduce un programa de radio llamado El Oro de los Pobres, decidimos llevar a cabo la creación de un fanzine que fuera principalmente un espacio para autores. Yo me encargaría de la maquetación y la producción y él de la coordinación y de establecer contacto con artistas. En octubre de 2017 ya teníamos preparado el primer número, una invitación a hablar y mostrar ideas sugerentes..

SM: En menos de año y medio habéis sacado cinco números de Artefactum, ¿cuál ha sido su evolución como fanzine? Como mínimo, ha engordado en número de páginas
JA: Poco a poco ha cogido cierta fama y creo que cierta simpatía también. Nos lo curramos. Los primeros números los repartíamos gratis por toda Malasaña, en bares, locales y comercios; desde Conde Duque a Tribunal. En éste último han habido más de 30 colaboradores, por eso ha engordado en cuanto a número de páginas.

SM: Artículos, relatos, dibujos, música… Las secciones que podemos encontrar en Artefactum son las típicas de cualquier fanzine de antaño, con la salvedad de Ecofight, un toque verde. Casi todo muy clásico, menos el hecho de que tenéis también sitio web y redes sociales. ¿Se debe evolucionar e innovar en el mundo fanzine?
JA: Artefactum es un homenaje a los fanzines, de ahí sus secciones habituales y su estética, pero Ecofight es un compromiso con el medio ambiente. Es importante tener conciencia de ello y nosotros decidimos aportar nuestro granito de arena con esta sección. Respecto a la presencia en internet, al principio teníamos solo el portal en facebook, hasta que decidimos abrir una página web, no para mostrar la parte impresa, esa queda reservada para el papel, si no para archivar la documentación en formato digital. Todos los documentos están numerados y clasificados desde el primer fanzine y es algo que está bien que sea accesible en la red a todo el mundo. La página está en construcción pero tenemos pensado que todo quede bien clasificado por secciones, autores, temas y fecha. Tampoco queremos crear el típico blog/forum, que para eso están las redes. La web es meramente un portal archivador y de consulta.Sobre la evolución del fanzine, creo que el de autor sí ha evolucionado, dado que los autores cada vez tienen más herramientas para componer y maquetar y se hacen auténticas virguerías. Sin embargo, es el fanzine colaborativo el que se echa de menos.

Páginas interiores del último número de ‘Artefactum’

SM: Artefactum lleva por apellido “Espacio de difusión cultural”. ¿Es un sinónimo de fanzine?
JA: Se asocia los fanzines a ese mundo underground donde no solo se hablaba de música; muchas veces implicaba compromiso social. Sea como fuere, los fanzines siempre han tenido su cariz cultural o contracultural. No sabría decir si son sinónimos pero el espacio estaba ahí para difundir ideas, reseñas musicales, entrevistas, composiciones tipográficas, etc. Los han habido muy activistas, como los que crearon las Riot Grrrl, por ejemplo. Pero siempre ha habido un entorno cultural alrededor. Nosotros, cada vez que sacamos número nuevo hacemos una presentación oficial en el Horacio Bar (calle Quiñones 19), donde trabaja Sendoa y que se ha convertido en la sede oficial de reparto del fanzine. En cada uno de esos eventos ha habido charlas con micrófono abierto para que los autores comenten sus propuestas, con música, piscolabis y muy buen ambiente. El pasado jueves 14 vino más gente que nunca. Una gozada.

SM: Y vuestro Artefactum es colaborativo…
JA: El hecho de ser un fanzine participativo y colaborativo ha permitido que Artefactum haya pasado de ser un proyecto de dos personas a ser un espacio para autores. Artefactum es todos los que participan. En los agradecimientos lo dejamos claro: ‘sois vosotros y seremos más’.

SM: ¿Cuántos colaboradores tienes y cómo los reclutáis? 
JA: Cada vez han participado más autores. En el manifiesto de Artefactum invitamos a participar pero la verdad es que el efecto llamada ha sido más eficaz como invitación personal; conocemos a alguien con buenas ideas o sugerencias y le invitamos a colaborar. La mayoría acepta el reto, le comentamos la temática del siguiente número y, en breve, nos llega algo interesante. Otros también han llegado a través de redes, contactos o terceros.

SM: ¿Admitís contenidos de cualquier creador?
JA: Algunos contenidos, muy pocos, los hemos rechazado porque suelen ser contenidos muy politizados o muy fuera de contexto. Ceñirse a una temática tampoco es obligatorio para poder colaborar pero, curiosamente, es un punto de partida que sirve a los autores como sugerencia, merodeo o indagación.

SM: ¿Cuál es el encanto de un fanzine en la era de lo digital?
JA: Parece incluso un respiro. Estamos tan empantallados que ojear un fanzine, un libro, una revista o un folleto es como un descanso visual. El fanzine siempre tendrá su encanto. No se rige por normas editoriales y suele estar provisto de total creatividad.

SM: Además de en el Horacio Pub, ¿en qué otros sitios se puede encontrar el fanzine?
JA: Hay otros puntos de reparto como el Bar Antonio, Bar Camilo, Macanudo Espacio Arte, Radio City Records, Arrebato, Bar Leiner y otros locales y comercios de la zona más próxima a Conde Duque.

Portadas de los cinco números de ‘Artefactum’

SM: Actualmente son dos euros la colaboración que solicitáis a quienes quieran hacerse con un número ¿Cuál es la tirada de cada uno? ¿Cubrís gastos? ¿Cuál es la peridiocidad de Artefactum?
JA: Al principio lo repartíamos gratis y, simplemente, hacíamos una campaña de crowfunding (una hucha en el Horacio) para intentar sufragar los costes de impresión. Fue una ruina. Apenas nos daba para pagar un tercio de lo impreso. Empezamos con una tirada de 300 y si conseguíamos algo más de dinero hacíamos más. Pero siempre había que poner bastante de nuestros bolsillos. Fue con el tercer número con el que nos dimos cuenta de que había una gran demanda e interés en el fanzine. Llegamos a hacer 500 ejemplares, pero no podíamos seguir repartiéndolo gratis. Era insostenible. Con el siguiente número hicimos cuentas y decidimos empezar a cobrar lo justo para poder paliar los costes de producción e impresión. El fanzine se publica cada tres meses, más o menos. Es un tiempo más que razonable para promocionar el siguiente número, juntar propuestas y poder maquetarlo todo.

SM: ¿Qué podemos encontrar en Underground, vuestro último número?
JA: Aunque cueste hablar de underground hoy en día, debido a la facilidad de acceso a casi todo por cualquiera que tenga conexión a internet, la verdad es que siempre ha estado ahí. No todo es lo que nos venden. Se sigue haciendo buena música, literatura, poesía… Simplemente hay que estar atento a otras propuestas, aunque venga incluso via internet. En este fanzine recopilamos definiciones muy interesantes sobre lo que es underground para nuestros colaboradores; propuestas que nos evocan a ese submundo y documentos muy interesantes, tanto de tiempos pasados como actuales. Ponemos a Franz Zappa en la portada, pero incluimos a otros autores y autoras que hicieron de esa subcultura su razón de ser y de crear.

SM: ¿Podrías hacer un rápido diagnóstico de la salud actual del fanzine? ¿Algunos fanzines históricos que te marcara?
JA: Estuvimos hace poco en un evento dedicado a los fanzines en Delia Records y allí habían otros muy interesantes como Bruxismo y la Urdimbre. Entablamos relación con otros fanzineros de Madrid. Recuerdo que en 2014 salieron varios artículos en varios diarios hablando de una especie de boom de fanzines. La verdad es que desde entonces no han parado de salir nuevos, algunos muy interesantes. Por otra parte, de los que recuerdo que me marcaron destacaría al mítico Resurrección, que más tarde se transformaría en la revista Staf. Yo estuve mucho tiempo moviéndome en Barcelona y de allí te puedo hablar de Absolsut, BCore o de B.U.M, que acabaría siendo el embrión de Mondo Sonoro. Sendoa podría comentar cosas sobre fanzines gestados en los gaztetxes vascos como Resiste o Muskaria. El hecho de que no seamos madrileños nos limita bastante para hablarte de fanzines de Malasaña.

SM: ¿Hay revival del fanzine que nunca llegó a marcharse?
JA: Hay revival de todo y parece que los fanzines no son una excepción. Supongo que hay picos en la historia. Probablemente se hablará en el futuro de los de hoy y así sucesivamente. Parece que hubo un vacío en los años previos a 2014 si hablamos de los últimos tiempos. El fanzine forma parte de tiempos y de épocas, pero también de autores inquietos con ideas sugerentes dispuestos a echar mano de modos de producción, digamos, un tanto más artesanales.

‘Artefactum’

“Buen momento para la autoedición”, Galaxina, Bravo y Alarcia dixit

Tras hablar de Artefactum como ejemplo de esa resistencia fanzinera que no sólo sobrevive en la era de internet, sino que exhibe un buen aspecto, hemos querido preguntar a algunos fanzineros y fanzineras locales de pro acerca del presente de este tipo de publicaciones, en general y en Malasaña y sin perder de vista los fanzis que llevamos grapados en la memoria. Andrea Galaxina, Javi Bravo y Óscar Alarcia se han prestado amablemente a respondernos

Galaxina trabaja en la librería malasañera Cientovolando y, además de fanzinera compulsiva (no debemos perdernos el catálogo de su microeditorial de fanzines y cómics Bombas para Desayunar) es toda una teórica del fanzine feminista. En 2017 publicó el libro ¡Puedo decir lo que quiera! ¡Puedo hacer lo que quiera!, sobre el tema, y se ocupa de los fanzines en la Biblioteca de mujeres.

Javi Bravo ha vivido dos épocas del fanzine. En los 90 publicó Jo, Tía! (El primer fanzine de teenage exploitation), una inclasificable parodia de las publicaciones para adolescentes que aderezaba la cultura pop con una mirada política poco habitual en la época. La publicación volvió con hechuras de imprenta y temática japonesa en 2010. Desde entonces, Bravo ha sacado de forma irregular gruesos tomos bajo el contundente nombre Los secretos del universo.

Óscar Alarcia es un viejo conocido de nuestros lectores, a quien hemos entrevistado en otras ocasiones con motivo de la presentación de fanzines de textos largos o de libros con espíritu de fanzine. Las credenciales del autor, en Libritos Jenkins, sello editorial propio. Su última locura, una colección de cromos llamada Otros grupos. Lo de los cromos, por cierto, debe de ser un destello común de la cultura popular que comparte con Javi Bravo, que también cultiva su edición independiente.

Sobre el momento actual que vive el fanzine, los tres vinculan su respuesta, de una u otra forma, a la relación entre internet y el papel. Galaxina cree que vivimos un buen momento para el fanzine gracias a que las conexiones personales se facilitan a través de la tecnología: “Puedes ser una outsider que no sale de casa y, sin embargo, hacer fanzines y tener una conexión increíble con otra gente que hace fanzines”. Javi  Bravo piensa que ahora se hacen fanzines con más medios y conocimientos técnicos que en épocas anteriores y cree que hay un cambio en la naturaleza del fanzine que viene dado por internet: “Antes los fanzines suponían un medio de información, expresión y encuentro que ahora no es tan necesario porque hay otras formas de tener eso. También pensaba hace poco que los canales de Youtube de mucha gente hay que entenderlos, de alguna manera, como fanzines de hoy…” En relación con fanzine y la red, Óscar Alarcia aporta la idea de que, en un primer momento, “la escena del fanzine prácticamente desapareció con la democratización de internet”, pero advierte de que luego volvió con fuerza y ahora es un gran momento para la autoedición, con ferias exclusivas que antes no había. Alarcia sigue cultivando el fanzine en su acepción original de hecho por un fan, con información completa hasta la obsesión sobre el tema tratado, a pesar de ser consciente de que “es un poco difícil competir con la información de internet. Se estila más el fanzine artístico o de autor”.

Número 5 del fanzine Galaxina

¿Malasaña = fanzines?

Al hablar de las distintas escenas malasañeras del fanzine cada cual habla de su época y de sus intereses. Galaxina, más joven que Bravo y que Alarcia, recuerda: “El Patio Maravillas tuvo mucha importancia en el desarrollo de los Ladyfest que se han celebrado en Madrid y que a su vez tuvieron un fanzine, el Fempunk, como brazo escrito”. Hoy, sin embargo, ve el barrio alejado de la escena fanzinera. Bravo, por su parte, aborda el tema pensando en términos de ciudad. En su opinión: “El centro es el sitio por donde se mueve la gente o el público a quienes les pueden gustar estas cosas. Digamos que es un lugar de encuentro. Esto, que en principio es algo muy bueno, tiene también otra lectura no tan buena, el hecho de que más allá del centro es difícil que en Madrid se mueva o surja algo, o que se encuentre un público; quizá no se ha sabido hacer o ni siquiera se ha intentado… O quizá yo no me he enterado, que eso también es muy posible”.

A Óscar Alarcia lo que le gustan son los fanzines de textos apretados –como los que él mismo manufactura– y evoca un tiempo en el que eran seña de identidad de Malasaña. “En los años 90 recuerdo que se vendían fanzines en casi todos los bares, había locales que sacaban sus propios panfletos, existían esa especie de hojas parroquiales de cotilleos (como el Flujo o Ecos de Malasaña) y en las docenas de tiendas especializadas en cómic que siempre ha habido por el barrio se encontraban muchísimos fanzines de texto. Ahora hay bastantes menos. El último intento que se hizo de autoeditar y distribuir información microlocal en papel en la zona fue La hoja de Malasaña, que a mí personalmente me pareció una cosa espantosa, tendenciosa y una oportunidad perdida. Pero todo es bienvenido a la hora de hacer barrio“.

El fanzine y su tiempo

Óscar hace fanzines sobre cosas de las que es fan. Un buen ejemplo

¿La temática de los fanzines responde a los temas centrales de cada momento histórico?. “En parte sí y en parte no”, responde Andrea Galaxina, quien cree que existen creadores más y menos comprometidos en todas las épocas y que, en general, la escena reproduce las mismas tendencias que la sociedad de la que surgen. “Los primeros fanzines como tal aparecen en los años 30, un momento muy muy convulso. Sin embargo, eran fanzines con historias de ciencia ficción”. No obstante y, aunque son porcentualmente minoría, ahora hay “un número considerable de fanzines que tienen al feminismo como piedra angular”.

Javi Bravo añade la faceta del fanzine como semillero de tendencias que acaban por convertirse en mainstream. “Desde movimientos un tanto marginales y subterráneos se va componiendo y extendiendo una subcultura que luego se hace más grande, toca algunos medios de mayor difusión, llega a más gente y esa nueva gente se pone también a hacer cosas al respecto… y se da ese boom”.

La primera y la segunda etapa de Jo, Tía!

¿Hacia dónde mirar?

A la hora de recomendar fanzines de ayer y de hoy, Galaxina, Bravo y Alarcia reúnen un buen catálogo. La primera convida a echar la vista atrás hacia Fempunk, uno de los primeros fanzines feministas que leyó, Riot grrrl y Qué suerte, “un radar de dibujantes increíble”. Hoy en día le gusta mucho Fanzine Kos (“honestidad brutal”). También recomienda Otrx ,”sobre infancias marikas”. “Uno muy divertido es el Puptin —dibujos de Putin con adorables mascotas— que hacen mis colegas del Estudio Clank”.

Javi Bravo, por su parte, recomienda ir a las ferias de autoedición: “Hay tantas cosas y tan variadas que hay para todos los gustos”. “En cuanto a fanzines noventeros, Mondo Brutto como referencia elemental y, luego, un par de publicaciones que en su día fueron las que más me sorprendieron: una de la que solo salió un número y que se llamaba La hormigonera -costaba 20 pesetas y era como una especie de twitter 15 años antes de que existiera twitter, por describirlo de alguna forma; y otra publicación, también de un solo número, que se llamó Mecánica popular, que iba de terrorismo en plan divulgación y para todos los públicos. El formato de este último fue la principal inspiración para el Jo, tía!

De vuelta a la “vieja Malasaña fanzinera”, Óscar Alarcia nos lleva de viaje al Madrid Cómics para comprar el Le Bon Vivant, Sickfun, Mudhoney o, de nuevo, Mondo Brutto y Jo, Tía! . “Tal y como yo lo veo, el equivalente de hoy de aquellos títulos del ayer son las editoriales pequeñas y, por ejemplo, Agente Provocador de La Felguera es lo que fue Mondo Brutto. De hoy, le vienen a la cabeza TOC, “un fanzine que distribuían unos tíos cuando pinchaban en Malasaña y que está, por ejemplo, en Chopper  Monster”. También, Fanzine para Chicas y Maricas o Trueno, de Julián Almazán