Margalef: "El arte urbano debe ser ambicioso y salir del muro" | Arte Urbano | Somos Malasaña
primer periódico hiperlocal español | año IX | 18 de julio de 2018

Margalef: “El arte urbano debe ser ambicioso y salir del muro”

El ganador de Pinta Malasaña 2018 explica su obra crítica con el proceso de gentrificación y cómo intenta llamar la atención sobre la degradación de los espacios urbanos

Margalef, colocando las pegatinas de su obra

Que una obra no pictórica ganara la tercera edición del festival Pinta Malasaña 2018 sorprendió a parte del numerosísimo público asistente al evento. Pero no a los artistas. Ni mucho menos al vencedor, Margalef, que acudió al certamen atraído por el fallo del jurado del año anterior, cuando se premió una arriesgada intervención sobre los bancos de la plaza de San Ildefonso.

“Me maravilló la obra y fue una gran noticia. Con ese premio, el certamen estaba anunciando en voz alta que quería ampliar los límites del arte urbano y sorprender a su público”, explica Josep Fernández Margalef (Granollers, 1983) en una entrevista con Somos Malasaña, días después de conocer el premio. Este arquitecto que interviene en espacios públicos con propuestas impactantes se decidió a crear su primera obra en Madrid dentro del festival, reconociendo la dificultad de ideas como la suya: “Una obra sin pintura resulta una propuesta arriesgada, y también exige mucha labor para que esté al nivel de otras propuestas”.

SOMOS MALASASAÑA: Has ganado Pinta Malasaña 2018 con una obra en la que no utilizaste ni una gota de pintura… cuéntanos qué has intentado contar con ella

MARGALEF: La pintura es solo un medio de expresión, una herramienta más, me gusta experimentar en cada proyecto con algún nuevo reto. En esta obra quería trabajar con un elemento habitual del paisaje urbano como son las pegatinas en las persianas, ver qué posibilidades ofrece para elaborar una propuesta efectiva, y mantener la pieza dentro de un contexto que no resulte ajeno.

También pretende ampliar la visión que tenemos del arte urbano, que no solo es pintura ni solo es graffiti a mi entender. Mostrar que se pueden realizar obras con otros formatos que también nos resultan habituales y que quizás no apreciamos tanto.

Pegatinas usadas en la confección de ‘malasaña me mata’

SM: Al principio ibas a componer la palabra ‘barrio’ con las pegatinas. ¿Qué te llevó a modificar la propuesta?

M: Primero era importante acotar un contexto, un mensaje inicial, en este caso que pueda ser identificado y apropiado por los vecinos y espectadores cuando este sea leído. Y luego profundizar en otras características que formarán parte de la obra: el carácter del barrio, las tradiciones, las modas, etc. Me parece indicado mostrar un acercamiento al entorno, y en este caso hacer referencia al barrio de Malasaña.

‘malasaña me mata’ contiene un doble sentido: por un lado hay un acercamiento a la vertiente más pop dirigida a todos aquellos que comulgan con el típico eslogan madrileño; y por otro lado te está diciendo que la ‘movida’ en el barrio está también agonizándolo para otros. Había tan solo que mirar hacia arriba para entenderlo claramente, pues sin conocer la historia del edificio se veía como éste se encontraba completamente cubierto con una lona denostando su estado semi-ruinoso. La segunda versión se enfatizó con el mensaje diminuto de MUY FRAGIL que contenía cada pegatina; mientras la primera se veía resaltada por el color neón anaranjado.

SM: Cuando escribo esta pregunta los carteles publicitarios ya se han empezado a comer parte de tu obra. ¿Estaba pensada para perdurar o para que desapareciera rápidamente?

La obra de Margalef, pisada por los cartelistas | SOMOS MALASAÑA

M: Ninguna de mis obras hasta el momento sigue en pie; todas han sido efímeras. Entiendo el uso de la calle no como una apropiación sino como una aportación puntual, algo pasajero. Y además en este caso sabía que la disputa con los que pegan carteles comerciales sería muy dura o bien que podría pasar lo mismo que en ediciones anteriores, y que las obras duraran apenas unas horas.

Efectivamente el arte en la calle está condenado a padecer mutaciones impredecibles y eso es un hecho que hay que tener en cuenta y lo más fácil es aceptarlo de buen principio: la calle es de todos y la prevalencia de una obra no depende tan solo de la intención del artista.

Por otro lado, el uso de pegatinas ha propiciado también una curiosa interacción con el público, pues éste ha ido sustrayendo varias de ellas, a modo de souvenir o de curiosidad. Y ese es un punto que me parece interesante.

SM: ¿Por qué empleaste las palabras MUY FRÁGIL?

M: Una de mis líneas de trabajo está enfocada en la denuncia a través del arte urbano de situaciones críticas que encontramos en el paisaje urbano. Reflejar un mensaje de auxilio y ponerlo en evidencia de manera más expresiva, aunque ello no sea perceptible a simple vista.

Normalmente utilizo la cinta de embalaje con esa tipografía, en mi caso suelo trabajar con materiales industriales serializados. Las pegatinas MUY FRAGIL de color neón anaranjado son habituales también en los paquetes o envíos; y nos delatan que dentro de una vulgar caja de cartón hay algo que contiene cierto valor y no sabemos exactamente qué. Ese lenguaje de código fue utilizado también para la obra de Pinta Malasaña.

La disposición de las pegatinas para crear la tipografía, en un formato de patrón de pared de ladrillo, es también un guiño gráfico al tema arquitectónico e inmobiliario.

Margalef, preparando el espacio de su intervención

SM: ¿Espacios urbanos atípicos como en el que actuaste son más potentes para el arte urbano que los muros o las persianas?

M: Dependerá de lo que quiera transmitir el artista, o el propósito del evento. La potencia del arte urbano depende de ellos, no del soporte. Evidentemente esos espacios urbanos atípicos permiten ampliar el abanico de posibilidades y ofrecer unos resultados más variados y quizás más seductores. El arte urbano puede (o debe) ser ambicioso y salir del muro -por ejemplo el suelo también es un muro, solo que puesto en horizontal- al mismo tiempo que debe saber ganarse el respeto con esos otros contextos no tan comunes.

SM: ¿En qué tipo de lugares intervienes? Háblanos de tus anteriores trabajos

M: Mis intervenciones mayoritariamente discurren en un contexto urbano, o en un contexto arquitectónico. Acostumbro a concurrir en eventos que mantienen un vínculo fuerte entre las artes y el espacio público. Entonces resulta factible establecer un diálogo con la calle y con cómo se vive ese espacio, y permite alterar el contexto para poner en valor algún aspecto característico presente, aunque no sea tangible.

En mis trabajos es esencial que la componente arquitectónica esté presente, bien como algo preexistente (una arquitectura interesante de algún modo) o bien creándola a partir de la obra. El uso de materiales relacionados con la construcción supone también una aproximación a esta premisa.

SM: ¿Qué problemas urbanos detectas en Malasaña? ¿Son similares a los de otras zonas de Barcelona que conozcas?

M: La gentrificación es ya un hecho global, sin duda. La especulación inmobiliaria y el consumo masivo de ocio son otras de tantas causas de conflicto urbano que van para largo, a menos que este tema se tome en serio políticamente.

Por otro lado creo que en Malasaña sería indicado suprimir la circulación de vehículos en unas cuantas calles, pues supondría una reorganización del barrio de manera sensata y comportaría un beneficio destacado en la calidad de vida de vecinos y transeúntes. Además, permitiría librarnos de tantos y tantos bolardos que inundan sus calles, que no favorecen especialmente el paisaje urbano y limitan la circulación del viandante.

En Barcelona este aspecto se encuentra bastante evolucionado, y aunque inicialmente suponga una limitación en nuestro modo de vida, a la larga permite una experiencia urbana más confortable y desarrolla otras modalidades de ocio, negocio, y relación entre personas.

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