Patrimonio descarta hacer una copia de la estatua de Daoíz y Velarde para preservar de ataques el original | Somos Malasaña

Patrimonio descarta hacer una copia de la estatua de Daoíz y Velarde para preservar de ataques el original

El área de Cultura municipal llegó a valorar esta opción para conservar una pieza con casi dos siglos de antigüedad y que sufre ataques vandálicos de forma recurrente

Un operario municipal limpia el monumento a Daoiz y Velarde tras un ataque vandálico | SOMOS MALASAÑA

Daoíz y Velarde se han pasado más tiempo blandiendo litronas hacia el cielo del Dos de Mayo que empuñando las espadas que les corresponden y que desaparecen cada vez que son repuestas. Los vándalos las roban o las rompen y el Ayuntamiento de Madrid ha dejado de sustituirlas. El conjunto escultórico, de gran valor simbólico para la ciudad y el barrio de Malasaña, ocupa la parte central de la plaza pero recibe ataques de desaprensivos de forma recurrente desde hace décadas.

Lo más habitual es encontrar objetos y ropas colgadas encima de las estatuas, pero la lista de desagravios al monumento a dos de los héroes del levantamiento contra los franceses es larga y la actual valla que recubre este conjunto no ha servido para frenar los ataques, ni en esta legislatura ni durante las anteriores. Sin ir más lejos, hace 10 días sufrió un ataque con spray, que provocó una fuerte reacción de protesta en redes sociales.

Para preservar la integridad de la obra, el equipo de gobierno actual estudió una petición formal para devolver el monumento original al Museo del Prado, institución a la que pertenece. Sin embargo, toda esta operación ha sido finalmente descartada desde el área de Patrimonio.

«Actualmente no hay ningún proyecto para el traslado de esta estatua», señalan con rotundidad a Somos Malasaña fuentes del área de Cultura del consistorio. Otras fuentes municipales explicaron antes a este periódico que se estudió en su momento su traslado y dejar en el Dos de Mayo una copia de la estatua bajo el Arco de Monteleón. Este periódico se puso también en contacto con el Museo del Prado para interesarse por la postura de la pinacoteca, pero no ha recibido respuesta alguna.

El plan que estuvo sobre la mesa de retirar la estatua y colocar en su lugar una réplica hubiera permitido llevar a cabo una de las reivindicaciones vecinales para la plaza: retirar el vallado del monumento para aprovechar mejor el espacio del foso, muy limitado. De haber obtenido luz verde, se habría producido después de la reforma de la plaza que se prevé para este verano y que servirá para renovar suelos y muros del entorno, muy degradado. La retirada de la valla llegó incluso a aprobarse en un pleno de la Junta Municipal de Centro en 2014 a instancias de UPyD, durante la pasada legislatura.

Jordi Gordon, portavoz de la plataforma vecinal SOS Malasaña, algunos de cuyos miembros fueron quienes retiraron del monumento hace unos días los últimos objetos que se habían colocado sobre él, sin esperar a la actuación municipal, comparte la decisión de no hacer copia de las estatuas, si bien comprende la preocupación por el daño que puedan sufrir el original. Según él, «hay que pedir civismo a quienes nos visitan y decirles que no vengan a joder nuestras calles, plazas y monumentos». Gordon asegura que «está  muy bien preservar, pero es mejor tomar medidas para que no las dañen. Retirar el original sería como si el ayuntamiento claudicara ante quienes no tienen respeto por nada ni por nadie».

Para Juan Carlos González, historiador, vecino de Malasaña y miembro de la asociación cultural Carpetania Madrid, cuyas rutas culturales que realizan por la zona suelen tener parada a los pies de Daoíz y Velarde, también coincide en que no hay mejor lugar para el conjunto que donde está, que es donde tuvieron lugar los hechos históricos que rememora. «Plantearse su traslado al Prado o, incluso, dejar expuesta una copia, sería como plantearse replicar Cibeles, Neptuno o, incluso, las estatuas de Don Quijote y Sancho de plaza España. Todos ellos han sido amputados o vandalizados alguna vez y a nadie se le ha pasado por la cabeza sustituirlos.

Malasañeros desde 1932

Las esculturas de Daoíz y Velarde son obra de Antonio Solá, que en 1822 recibió el encargo de manos del rey Fernando VII y lo concluyó en 1830. Sufradas por el Cuerpo de Artillería y con un coste de 3.000 duros de la época, representan a los militares que dirigieron la defensa del Cuartel de Monteleón frente a las tropas francesas en mayo de 1808, pero con un estilo neoclásico, de gran simbolismo: se presentan de pie, cogiéndose de la mano en señal de juramento, prometiendo no humillarse ante las huestes de Napoleón y defenderse con su vida. Tanto los rostros como la túnica (clámide) que cubre su uniforme corresponden a una idealización clásica de ambos militares y tiene poco de realismo. Un cañón, clave a la hora de repeler los primeros ataques galos, acompaña al conjunto escultórico. Las figuras, esculpidas en mármol de Carrara, no tuvieron un acomodo fácil en Madrid. Pasaron casi un siglo dando vueltas hasta encontrar hueco en su actual ubicación, como explicamos en su momento en este completo artículo. En 1932 fueron colocadas junto a lo único que queda del Cuartel de Artillería de Monteleón, uno de sus arcos de entrada, que se restauró para adornar la principal plaza de Malasaña (entonces barrio de Maravillas, nombre popular que recibió por el convento que llegó a ocupar parte de estos terrenos).

Tal y como hemos expuesto con anterioridad, los ataques a la integridad del grupo escultórico que forman Daoíz y Velarde no son algo reciente y, más allá de lo que nos hace creer la memoria, queda constancia de ello en sitios oficiales como Monumenta Madrid, donde en la ficha que se le dedica  se lee: «Fueron restaurados en 1981 por el Ayuntamiento de Madrid con un presupuesto de dos millones de pesetas, actuación consistente en la limpieza de las esculturas, recuperación de las espadas de los militares y de diversas piezas de mármol, así como la reparación del pedestal. Se finalizó la instalación de la iluminación del monumento en 1991, bajo la dirección del ingeniero industrial Alfonso Marcos, del Departamento de Alumbrado e Instalaciones Urbanas del Ayuntamiento de Madrid».