Plaza del Canal de Isabel II vs Plaza de las Palomas: la ciudad construida desde arriba y desde abajo | Somos Malasaña

Plaza del Canal de Isabel II vs Plaza de las Palomas: la ciudad construida desde arriba y desde abajo

"El abrupto respiradero puede ser banco, escenario o mantel de una comilona improvisada; las pelotas van de aquí hacia allá sin que habitualmente se registren bajas o cabreos importantes; hay pipas en el banco, yonquilatas en los alcorques y abuelos con mantitas sobre las rodillas. Es la calle…"

También hay palomas...claro

Estrenamos la sección Fronteras afuera. Una vez al mes haremos paradas urbanas en otros barrios con la misma perspectiva hiperlocal que empleamos en Somos Malasaña. Mirando con cariño y fiereza la ciudad. Siempre con gente.

No encontrarás la Plaza de las Palomas en Google Maps porque responde al nombre impersonal de Plaza del Canal de Isabel II (distrito de Tetuán, barrio de Berruguete, al Oeste de Bravo Murillo). Este hecho aparentemente casual –que se la conozca con un nombre popular en lugar de con aquel que cuelga de la pared– señala lo primero que me apetecía contaros hoy: que la ciudad se produce socialmente desde abajo, desde arriba y, sobre todo, en la tensión entre ambas fuerzas productivas. “Cuelga de la pared”, he escrito. No estaba planeado, pero mis dedos anticipaban el otro lado del folio, con la chapa que venía a contaros. Volvemos más abajo a esto.

La Plaza del Canal de Isabel II

Llamaremos así al espacio diseñado por el planificador urbano. Bajo esta perspectiva, encontramos un golfo pétreo a un lado de la calle Bravo Murillo, una de las calles más transitadas de Madrid. Un aliviadero a orillas del río de humo y decibelios.

Bancos unipersonales

Cuando algo está mal hecho suele de decirse que “está hecho con los pies”, sin embargo, en lo que a planificación de la ciudad se refiere, suele echarse de menos que quienes han proyectado el espacio hayan plantado los suyos por el lugar previamente y se lo hayan pateado. Algo falla en la producción del espacio desde arriba.

A saber, bancos unipersonales –y gracias–, solana permanente, asfalto humeante en veranito, respiraderos gigantes como chepas de ogro con rejilla oxidada…el kit de la plaza dura contemporánea.

La Plaza de las Palomas

Quién iba a decir que al llenarse la plaza podría resultar más ¿mullida? La plaza hecha por la gente es una que contraviene su destino urbano en lo universal y se convierte, cada día, en hervidero de vidas y en lugar central para comunidades que se cruzan. Producción del espacio desde abajo.

Qué tiempos…llegando al verano de 2011 | http://www.tetuanmadrid.com

El abrupto respiradero puede ser banco, escenario o mantel de una comilona improvisada; las pelotas van de aquí hacia allá sin que habitualmente se registren bajas o cabreos importantes; hay pipas en el banco, yonquilatas en los alcorques y abuelos con mantitas sobre las rodillas. Es la calle…

…es la calle, sí, con sus conflictos. La Plaza de las Palomas es un espacio central y por lo tanto en disputa. En algunas ocasiones, esta querella cotidiana se escenifica de forma muy literal. En la plaza se han hecho todas las asambleas de la última década y, precisamente por ello, los nazis del Hogar Social Madrid decidieron plantarse cada semana en la puerta del súper con su simulacro racista de solidaridad. Alguna vez hubo más que miradas duras con vecinos decentes en aquella época, no te digo yo que no. En otras ocasiones, los conflictos vienen en envase opaco y te los tragas sin darte cuenta: qué puedo y qué no puedo hacer, dónde debe o no tumbarse el vecino sintecho, esas paredes pintarrajeadas…

Qué nos cuentan las paredes

Piel sobre piel

Qué poco se parecen las simulaciones arquitectónicas a la calle real. Los árboles están más crecidos, los colores son pastel y las personitas informatizadas son guapas, delgadas, jóvenes, de clase media y raza blanca. Resulta que no se parecen demasiado a los habitantes –mejor que usuarios– de la Plaza de las Palomas, que son muestra de un barrio en radical transformación, donde convive la población española envejecida con la de origen migrante (latinoamericana, filipina o magrebí) y la, de vuelta, española que llega a un barrio que, también en la vivienda y sus precios, se resquebraja en la tensión entre seguir siendo un poco periferia o resultar del todo céntrico.

En este sentido, los carteles y pintadas de las paredes me parecen accidentes geográficos de la plaza construida desde abajo, voces reverberantes sobre una simulación de ordenador que fue ploteada desde arriba. Unas paredes que me recuerdan a 2011, cuando los cuerpos amontonados impedían ver el asfalto, en las asambleas multitudinarias del primer 15M. Entonces, todo el contorno estaba ocupado por entidades bancarias y se escuchaba al moderador de la asamblea: “los que quieran apuntarse a la comisión de Política y Economía que vayan a la puerta del Banco Santander, los de Vivienda a la Caja de Murcia (supongamos), los de Comunicación al BBVA…” Al poco tiempo, todos y cada uno de los bancos fueron cerrando, certificando en las paredes el avance de la crisis económica. Los comercios de la plaza fueron luego poblándose de nuevo, con otro tipo de franquicias, pero aún queda uno vacío al fondo en cuyas cristaleras sucias se libra una guerra continua: entre carteles políticos y de conciertos de bachata.

Paseando hace poco me detuve a mirar otra vez sus muros. La vida pasa lenta por ellos: los papeles -las letras- se resisten a descamarse y aún hay restos de las pasadas navidades. Tetuanlandia, Noche de carteo, Mercadillo solidario y Alquilo habitación.

Tetuanlandia lo hacen unos vecinos del barrio muy locos, que cada año lo recorren ya pasado Reyes en plan pasacalles, con un dragón chino y regalando peluches a los críos. Mis favoritos son los Reyes Magos breakdancers –que suelen actuar en la vecina plaza de la Remonta–; la noche de carteo trae espuma de otras aceras (Lavapiés) y nos recuerda a quienes no están con nosotros (los presos, no los muertos); el Mercadillo Solidario lo hace el Grupo de Vivienda (Tetuán Resiste) junto con Invisibles de Tetuán, que pelea duro contra la pobreza. Suele haber chocolate caliente, risas y charla política. Este año, por ejemplo, estaba Jorge, un chaval del grupo juvenil de Moratalaz Distrito 14, que a punto ha estado de entrar en prisión por intentar parar un desahucio. Y el papelito de alquilo piso…recuerda que Berruguete está entre los barrios donde más está subiendo la vivienda, a pesar de la criminalización que sus vecinos migrantes viven en los medios de comunicación. Hay negocio.

Pero los papeles raídos en la pared nos cuentan también paseos nocturnos, pegadas, a veces como acto colectivo y a veces solitario, siempre consciente:

[Isa. Sobre el mercadillo]Pues en ese caso iba sola y las pegué con cinta carrocera, alrededor de la Plaza de Las Palomas. Como teníamos permiso para la carpa pues muy tranquila. En las jardineras de madera, en los bancos, en el Mercadona de Lope de Haro. Como el manifiesto de D-14 estaba en el centro del cartel podía pasar que alguien preguntara por eso. Pero nada. De día y bien. Hacer fotos de los carteles para tuiter y ya.

Pega el que puede. Como mucho dos. No se pega con cola. Tampoco en los bancos si no hace falta. Ah, a veces te das la vuelta y ya lo han arrancado. Da rabia.

Las traseras de la plaza son lo que un urbanista llamaría un espacio desestructurado. Diferentes niveles, escaleras y cuestas dejan leer la difícil orografía de Tetuán y su crecimiento al margen de la ciudad oficial. En un muro, resultante de una de estas placas tectónicas irreconciliables, se condensa la metáfora perfecta del conflicto como vertebrador de la calle.

El muro cuando era amarillo feo pero un palimpsesto de voces

Durante años, el muro –amarillo, feote– fue lienzo para el graffity político. Como pertenece a un polideportivo municipal, sus mensajes eran borrados con relativa frecuencia, volviendo a brotar al poco tiempo. En 2017 llegó, sobre la ola de lo participativo, el proyecto de pintar el muro. A la mañana siguiente de estar terminado, lo pintarrajearon con mensajes que acusaban el proyecto de gentrificador. Lo que quizá no sabían, o no habían puesto en valor, quienes lo tacharon, es que en el proyecto habían participado, en esta ocasión, la asociación de vecinos, una academia de arte local y los niños del barrio con sus propias manos. Comentarios indignados entre los vecinos.

Quiso el destino (o un mal imprimado) dar una nueva oportunidad al muro, cuya pintura se descascarilló enseguida. Vuelta a pintar el muro y, ¡vaya!, más de un año ya sin que haya sido pisado, mientras en los lienzos de alrededor continúa el debate político.

El muro en la actualidad

¿La moraleja es que quienes lo pintaron aprendieron la lección? En mi opinión no. A solo unos metros del muro estuvo puesto en una zona descampada el Hypertube, engendro de grandes ínfulas que llegó al barrio en otro proyecto presuntamente colaborativo años atrás: Paisaje de Tetuán. El rechazo a la obra ¿conceptual? fue tal entre los vecinos que finalmente fue retirado, pero desde entonces existe sobre el lugar –sobre el barrio– un debate intenso acerca de su gentrificación y, por qué no decirlo, miedo a los efectos de cierto colonialismo artístico sobre la subida de los alquileres.

Si hubiera que sacar un aprendizaje del muro sería que hay que afrontar el conflicto –no queda otra– y sacar lo mejor en limpio. El muro pintado por los niños venía a aportar un valor, sí. El muro pintado por los niños también venía a secar un muro que antes era un río, también. En el muro del poli de Playa Victoria, tras la Plaza de las Palomas, se produjo un debate y un principio de acuerdo tácito en el vecindario. Que no cabe en plano alguno.