¿Qué echas de menos en Malasaña? Los vecinos opinan | Somos Malasaña

¿Qué echas de menos en Malasaña? Los vecinos opinan

¿Sigue existiendo el antiguo enamoramiento que se percibía entre los vecinos de Malasaña y su barrio?

Comercios de la Corredera Baja de San Pablo.

Adriana F. Alcol

Community manager de profesión, esta coruñesa afincada en Madrid desde el año 2012, nos mostrará en esta sección que Malasaña se puede vivir de muchas maneras sin caer en los tópicos y etiquetas que muchos se han empeñado en poner a este barrio que ella siente más como un pequeño gran pueblo en medio de una gran ciudad.

17/11/2018

Destacado
Noticias
Tendencias

Soy vecina de Malasaña desde mediados de 2012. Por aquel entonces el barrio se catalogaba como uno de los más modernos de Europa y aunque ya había quien decía eso de “Malasaña ya no es lo que era”, yo percibía un enamoramiento generalizado por parte de vecinos y visitantes. A los pocos meses de vivir aquí, el término “moderno” dio paso a “hipster”, ya con una cierta connotación negativa y, a pesar de que todavía quedaban unos cuantos años para comenzar a escuchar de forma generalizada conceptos como “gentrificación” o “turistificación”, lo cierto es que poco a poco se comenzó a hablar, cada vez con más frecuencia, de los puntos débiles de Malasaña.

No pretendo con este artículo escribir una crítica destructiva del barrio, más bien todo lo contrario, y me ha parecido una buena idea charlar con un grupo de vecinos para que me contasen qué cosas son las que más echan de menos en Malasaña. A continuación os expondré sus opiniones, que me han resultado de lo más interesantes, y al final de artículo, como si de un comentario de texto del instituto se tratase, os expondré la conclusión a la que he llegado tras estas conversaciones.

“Los residentes hemos dejado de ser el centro del barrio y su razón de ser y sin residentes, un barrio deja de serlo”

Juan (45 años) es colombiano y trabaja en temas de cooperación internacional. Ha vivido en Malasaña durante la segunda década de los ´80, la primera mitad de la década de los 2000 y desde el 2015 hasta la actualidad. Él ha conocido el barrio siendo estudiante y ahora padre de familia y aunque en cada momento el barrio ha tenido sus pros y sus contras, echa en falta “un espíritu de pueblo que se ha perdido con la proliferación de pisos turísticos y negocios enfocados más a las personas que solo están de paso que a los que vivimos aquí. Los residentes hemos dejado de ser el centro del barrio y su razón de ser y sin residentes, un barrio deja de serlo”.

Otro de los puntos en el que coinciden casi todos los vecinos con los que he hablado es la falta de limpieza: “Durante los primeros años de la década de los 2000, recuerdo saludar cada noche a quienes barrían y baldeaban mi calle (Madera), a quienes ahora veo muy de vez en cuando. Entonces parecía que el barrio solo podía ir a mejor. Ahora me pregunto hasta dónde llegará su degradación. Cuando el ocio se convierte en descuido del espacio público y suciedad, se degrada todo lo demás: el botellón de las calles y plazas del barrio nos “roba” el espacio a los residentes, no solo por la noches – contaminación acústica, espacios ocupados por gente bebiendo, etcétera – sino también durante el día – suciedad, cristales rotos, y lamentablemente, de nuevo jeringuillas. Si la calidad de un barrio se mide por la posibilidad de que los niños jueguen en él, Malasaña ha ido perdiendo puntos de manera acelerada en los últimos meses y años”.

“Tengo la sensación de que Malasaña es el patio de recreo de Madrid”

Rita (30 años) es cordobesa y psicóloga. Ha llegado al barrio hace cuatro meses y aunque anteriormente ya vivía en la zona centro de Madrid, siente ciertas carencias: “Echo de menos grandes supermercados (que no sean exprés) y pequeños comercios de alimentación en los que comprar frutos secos de calidad, a granel y a buen precio (algo que no es difícil de encontrar en otros barrios). En cuanto a ocio y cultura, puedes disfrutar de muchas actividades, aunque en mi opinión casi todas están orientadas en la misma línea, así que en este punto me gustaría una mayor variedad y diferentes estilos”.

Como a la gran mayoría de los vecinos, le ha preocupado tener un narcopiso tan frecuentado en la calle Tesoro y todo lo que estaba generando a su alrededor: “no entiendo cómo han tardado tanto en desalojarlo”. Y además, se lamenta de que tanta oferta de ocio nocturno haya convertido a Malasaña en “el patio de recreo de Madrid, al que la gente viene a disfrutar sin pensar en que hay quien quiere dormir porque al día siguiente, cuando ellos se acuesten, otros se tienen que levantar para ir a trabajar”.

Exterior de El Palentino en la actualidad

“Las cosas han cambiado mucho desde 1970”

María (73 años) es de Ourense y en la actualidad está jubilada. Llegó a Malasaña en el año 1970: “Desde entonces las cosas han cambiado mucho. Antes no había grandes supermercados y todo se compraba en tiendas de barrio: la panadería, la frutería, la tienda de electrodomésticos, las de sábanas, la que te vendía algo de moda, etcétera. Todo eso ha ido desapareciendo poco a poco, aunque todavía hay alguna que sobrevive. En mi opinión, y habiendo vivido una época tan mala en el barrio como las décadas de los ´80 y los ´90, en las que la droga destrozó prácticamente todo, yo pienso que desde los 2000, las cosas han mejorado y aunque se echan de menos algunas cosas, sobre todo de cuando yo llegué al barrio, no podemos quejarnos”.

“Malasaña se está convirtiendo en un barrio exclusivamente para turistas”

Stéphane (38 años) es madrileño y chef. Conoce el barrio como la palma de su mano porque ha vivido en él de 1989 a 2004 y desde 2009 hasta la actualidad. Para él, una de las mayores pérdidas ha sido el pequeño comercio: “me encantaría que hubiese un mercado tradicional y que se hiciesen mercadillos callejeros con pequeños productores, no solo de alimentación, también de artesanía. Se ha perdido esa sensación de barrio; ya sé que esto es intangible, pero con la pérdida del pequeño comercio, la llegada al barrio de grandes marcas y franquicias, han convertido irremediablemente a Malasaña en un barrio exclusivamente para turistas”.

“No existen parques, no hay nada verde”

David (28 años) es noruego, y traductor. Lleva viviendo en Malasaña dos años. Los supermercados especializados, las salas de conciertos, la oferta culinaria fast food y las zonas verdes, son las carencias que él destaca: “Cuando me mudé a Madrid me resultaba muy difícil encontrar sabores que no fueran típicos de España. Poco a poco esto ha ido mejorando – ya puedo comprar cremè fraiche, productos mexicanos o frutos congelados en supermercados – pero todavía echo de menos sabores balcánicos, turcos o escandinavos. Además, mejoraría la calidad y la variedad de la oferta culinaria que ofrece el barrio cuando al terminar de salir de fiesta te entra el hambre. Sí, hay fast food como pizzas, tacos o hamburguesas, pero echo mucho en falta un buen kebab, que es lo más típico para tomar de madrugada en los países del norte”.

Aunque se muestra optimista porque “Malasaña es un barrio muy cambiante y todo llegará”, reconoce que “estaba muy ilusionado cuando comenzaron a construir el parque de Barceló, pero para mí un parque necesita una zona verde que sea amplia, donde poder ir a tumbarte al sol y tomar el aire. Lo cierto es que en Malasaña no existen parques, no hay nada verde, y lo poco que hay, está sucio y parece más un espacio para pasear a tu perro que un parque tal y como yo lo entiendo”.

Comercio centenario La Moda en la calle Pez

“Queremos bares de barrio, de los de caña barata y gente de todas las edades”

Estíbaliz (32 años) es de Vitoria y trabaja como terapeuta ocupacional. Ha vivido en Malasaña desde 2012 hasta 2017 y ahora se ha mudado al barrio vecino de Chueca. “Malasaña es cada día más caro. Se ha centrado más en cuidar la oferta que buscan los visitantes que vienen a pasar unas horas de ocio que la de los vecinos y su calidad de vida. Los vecinos necesitamos, por ejemplo, un centro del ayuntamiento con una amplia oferta de actividades deportivas, más ultramarinos, tiendas de alimentación  y menos supermercados exprés. También queremos bares de barrio, de los de caña barata y gente de todas las edades”. 

“Echo de menos bares como El Palentino”

Quique (34 años) es madrileño y trabaja como diseñador gráfico. Desde hace dos años comparte piso en Malasaña y tras haber vivido gran parte de su vida fuera de la zona centro de Madrid, reconoce que “echo de menos bares sin pretensiones como El Palentino o comercios tradicionales, que cada vez quedan menos. Tal vez no necesitemos tantos supermercados, sería mejor que hubiese menos pero más grandes y mejor localizados. En cuanto a las opciones de ocio, son todas muy similares, me gustaría que hubiese algo más de variedad y aunque me encantaría trabajar en un coworking, revisaría las tarifas para que se amoldasen más a las necesidades personales de quien quiere compartir un espacio con otros trabajadores autónomos”. Y respecto a los servicios públicos, Quique comenta “cada vez se hace más complicado pasear por la calle y no tropezarte, así que estaría bien que se atendiese al mantenimiento de la calzada y las aceras, además de reforzar el servicio de limpieza”.

“Es difícil encontrar lugares donde poder disfrutar de la cultura y la gastronomía española”

Lucía (34 años) es mexicana y trabaja como médico. Vive en Malasaña desde hace dos años y desde hace uno, estudia el MIR en un coworking del barrio. “Lo cierto es que hasta hace un año no he comenzado a hacer mucha vida en Malasaña, y aunque disfruto de su ocio, no deja de llamarme la atención que siendo un barrio tan famoso de la capital – lo que implica que atrae mucho turismo tanto nacional como extranjero – desde mi punto de vista tiene demasiados negocios de cultura y comida de fuera; es cierto que tiene su encanto poder decidir entre tomar comida italiana, mexicana, peruana u oriental sin necesidad de moverte de Malasaña, pero me parece excesivo y me apena que resulte tan complicado encontrar lugares donde disfrutar de la cultura y la gastronomía española, que es tan deliciosa”.

Como podéis comprobar, la visión de cada vecino es muy diferente en función de sus circunstancias, pero tras haber escuchado a cada uno de ellos, me planteo que tal vez no echemos muchas cosas de menos, sino que en realidad el problema es que echamos muchas cosas de más: demasiada suciedad, demasiado ocio nocturno poco respetuoso con los vecinos, demasiados turistas a los que se les está dando prioridad y demasiados locales con mucha oferta pero poca identidad, entre otras cosas.

Como he dicho anteriormente, quiero que este artículo sea una crítica constructiva, un pequeño tirón de orejas a un barrio que no está pasando sus mejores momentos pero que por el motivo que sea, en algún momento lo elegimos para instalarnos aquí. ¿Seremos capaces de darle la oportunidad de volver a ser ese barrio del que muchos nos enamoramos?